Siempre me he preguntado: ¿por qué me gusta tanto escuchar historias de terror?
Creo que, de alguna manera, siempre he sido alguien a quien se podría considerar extremadamente miedosa, pero escucharlas de fondo mientras hago cualquier actividad es mi pan de cada día. No creo que tenga mucho sentido hacerlo; siento que es una de mis contradicciones constantes.
Hoy me levanté tratando de encontrar una respuesta a eso y creo que hay varias. Eso me confunde un poco más. Voy a proceder a enumerar las posibles razones:
- Me siento acompañada cuando lo hago.
- Siento que puedo experimentar el miedo desde un lugar seguro.
- Me encanta la idea de las brujas, los espíritus antiguos, la sensación de extrañeza y, en general, la fantasía de que existen cosas que, como humanos, no podemos ni podremos entender jamás, porque nuestra comprensión de lo que existe se limita a la experiencia.
- La narración engancha (eso depende, claro está, del narrador)
- Algunas veces la realidad puede ser tan complicada y estar tan fuera de nuestro control que irse al plano de lo sobrenatural resulta reconfortante... como un cafecito en la tarde o como abrazar a un viejo amigo que no entiendes del todo, pero que te lleva a pensar en cosas.
Bueno... ya contadas las razones, y despues de darle vueltas para encontrar la que podria ser mas adecuada para responderle a mi cabeza que nunca se queda quieta...solo puedo llegar a una conclusión que quizas las abarca a todas: las historias siempre permanecen. Permanecen en nuestra mente, en nuestras reuniones familiares, en nuestros recuerdos más profundos, en nuestro ser, en nuestra cultura, en nuestra boca. Pensar en todo esto me lleva a citar el inicio de "Antes de morir", de los PetitFellas:
"El mundo no está hecho de átomos, el mundo está hecho de historias. Porque son las historias que uno cuenta, que uno escucha, que uno recrea, que uno multiplica. Las historias son las que permiten convertir el pasado en presente..."
Quizás una de esas cosas que me hace sentir viva es la capacidad de crear memoria, de imaginar por medio de la palabra de alguien más, de sentir que somos todo lo que hemos dejado alguna vez en alguien y que, aunque la muerte para nosotros sea inevitable, seguiremos vivos: en la mente, en la conversación, como un fantasma... de esos que habitan mis historias.
